Poesía

Poesía

jueves, 27 de marzo de 2025

Cabello largo y lacio de negro azabache

Para ti, mujer con pupilas

acastañadas que se

vuelven verdemar con

la luz solar.


Ven mujer de cabello 

lacio y liso, una cascada 

de tinta negra azabache 

que llega casi al fin de tu 

espalda, abrazando con 

ternura tu cintura. Ven

conmigo que quiero

perderme entre el bosque 

de sus hebras, y ahogarme 

con el perfume que

naturalmente emana.


Te invito a danzar conmigo

bajo la penumbra, que el 

lecho nos aguardará con

sus sábanas, donde

desprenderemos piel

contra piel el calor de

nuestras entrañas.

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Llega la noche, esperada 

noche, estrellada, y aceptas

mi invitación de bailar. Reímos,

sonreímos, y palabras de amor

que modulamos con nuestros

labios al oído se pueden 

escuchar: un te amo, un para

siempre, un te deseo y la sed

que nos tenemos.


Mis manos navegan por toda

tu piel, acariciándola con

ardiente anhelo. Congelemos

el tiempo, que perdure este 

momento.


Y te digo al oído dos 

palabras, pues eres

un para siempre y no

para un rato, y 

respondes que tú 

también, y ahí al cielo

llegué.


Me llevas al cielo con tu

mirar, tú, mujer cubierta

con piel de seda, y blanca

como el nácar, te quiero

para siempre, y amaré

esta noche como el 

inicio de muchas más.

domingo, 9 de marzo de 2025

Tórtola blanca

Es de noche cuando 

más la pienso como si 

fuese mía,  hermosa nívea 

mujer, ternura  ebúrnea, 

pensamientos  desbocados 

por las noches  que estoy 

sin su tacto, solitario  en 

mi cuarto.


La veo en mi recuerdo, 

me mira sonriendo, 

su cabello negro como el 

azabache se desliza hasta su

cintura, cada hebra de pelo

suave como la seda es un 

océano negro donde quisiera 

ahogar mi rostro envuelto en 

las sábanas donde reposa ella, 

es su lecho.



Ahora, más que nunca, necesito sus

brazos alrededor de mi cuello en un

abrazo que me quite el aliento. Quiero

salir de esta soledad y dolor 

que carcome por dentro. 


Llueve, hace frío, y por ello siento 

que es el mejor momento para 

regalarle estos versos, aunque 

estén marcados de melancolía y

recuerdos.  Y es que…


Tantas palabras que con recelo

guardamos, hasta que eclosionan

en una confesión, y ahí nos tiembla 

el labio. Pues es bien conocido que

duele un infarto un rechazo. Pues 

te digo:


No estás y te amo. Te reconozco

en mi mar de recuerdos, y veo en

ellos aquellas manos tuyas, 

mitológicas, de Helena de Troya,

envueltas en un pañuelo blanco. 


Ansío rozar tu piel, y una vez

más sentirla erizada por mi 

tacto. Anhelo llenarte de 

escalofríos, y decirte en tu oído 

palabras de amor que sean rocío 

en tu geografía, especialmente 

al sur,donde quiero ver emerger

ríos que únicamente tú podrás 

contener… y que no quiero que 

contengas, pues es hermoso 

cuando el deseo corre libremente 

entre dos pieles unidas durante 

el ocaso.


Y puede que, si me quieres, me 

extiendas tu mano, desnudes  

tu alma, intimando en susurros 

que transmutan en un perfecto 

abrazo.


Regálame tu tiempo, un espacio,

no pido más, un abrazo, para

tener un rastro de ternura sobre 

mi piel e irme colmado.



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Es de madrugada y escribo mis

versos. Y recuerdo que te veía y

me recordabas a la melancolía, tu

mirada perdida, y supuse que sufrías,

mas guardaste silencio. No indagué,

yo también callé, deseando escuchar

de tu boca el porqué. 


Aun recuerdo el arrullo de tu

respiración al alcanzar el sueño, 

hermosa tórtola blanca, y tus 

pupilas de ensueño perderse 

en quién sabe qué, pero sé, eso sí, 

que no estabas en el momento.







Almohada

He sentido la dulzura de su 

Piel bajo mi almohada. 


Recuerdo su cabello, sombras

De terciopelo que ondeaban

Bajo una noche estrellada. Sus

Manos de nácar son hilos

De marfil que quiero ver 

Enmarcadas en mi espalda.


Mi deseo es fundirme en un 

Abrazo con ella, que sus uñas

Se claven contra mi espalda,

Invitándola a ser uno bajo las

Sábanas.


Ella es de nácar y seda, he

Guardado su memoria de piel

En mis yemas. Dos palabras es

Lo que de ella siento. Dos 

Palabras, nada más que esas

Dos que retumban en mi 

Almohada.


Y es que dos palabras suyas 

Podrán salvarme de este nudo

Que embriaga mi día y noche,

Pensándola, echándola de menos,

Inspiración celestial de cielo.


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Te invito esta noche a disfrutarla,

Mujer de mis venas. Cada 

Palpitación, cada agitación, nació

De pensarte, de manifestarte. 


Y quiero decirte las palabras más

Románticas, que son las que me 

Alcanzan, gritar al cielo que son 

Sólo dos palabras, y por ahí

Adornarlas con otras igual de 

Bellas, de nácar.


Lo que te quiero decir es que el

Olor que dejaste sembrado es un

Ungüento que salva, flor, tú el

Rocío después de la tempestad,

Dulce sensación que no es un 

Espejismo, es realidad, una

Sinfonía, una partitura, paz.


Murmuro tu nombre, tu apellido…

Anhelo escucharlo de tus labios,

Remanso el espacio, dulce 

Inocencia al amanecer, me 

Arrullas respirando. 


Por siempre serás mi gran

Epifanía de amor y paz, tú,

Rosa siempre en primavera, 

Eterno amor, dulce néctar, el

Zumo que anhelo yo. Tú. Yo.