Poesía

Poesía

viernes, 18 de septiembre de 2026

Pétalos de magnolia


Amémonos una noche, 

encerrémonos en la 

oscuridad. Descubrir

nuevos rincones de tu

piel, rozándola como 

si fueras pétalos de magnolia,

delicada flor primaveral.


Mil besos a darnos, diez

mil más para una  noche

adicional. 


Beber de tus labios para 

sentir nuestros corazones 

al mismo compás, y no

querer levantarme, que la

noche no sea cruel, que el

reloj no avance más. Quiero

ese néctar tuyo, levantarme

con tu fragancia forestal.


Querer estar en tu laguna

es un sentimiento celestial,

nadar en ti es mi deseo 

inmortal. Amémonos esta

noche, que nuestros suspiros,

exhalaciones, sean un poema,

un baile destinado a perdurar.


Amémonos aún más, ¡qué las

palpitaciones sean la voz

principal! Que cuando llegue

el momento el tiempo no 

avance más, perpetua te 

quiero, noche, y estrellada

si mi techo de cristal el cielo

me permita apreciar.


Te quiero a perpetuidad, que 

al morir en una constelación

podamos centellear para la

eternidad. Tú, flor primaveral,

amémonos una noche, que

te haré querer muchas más. 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Te veo bailar sola


Te veo bailar sola, ensimismada

en la canción, y me evocan tus 

movimientos a la métrica de un

poema del siglo de oro español,

de un poema de amor, sea de 

Quevedo, o de su competidor.


Me gusta verte bailar sola, 

canturreando la pieza del

salón, como si una voz 

secreta estuviera susurrando

cada trazo que vas marcando

con precisión. 


¡Hoy te vi hacerlo! Enmudeció

mi voz. Tú, el aura del salón. 


Grácil en los movimientos, 

flotante sensación, te diría

las más hermosas palabras,

pero cuido de heridas mi 

corazón.


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La nostalgia se toma mi 

alma, y empiezo a 

rememorar: el palco y a ti  

portando tu vestido negro, y

yo queriendo tomar tu mano, 

de susurrar una palabra de 

amor. Mas pensé que era 

preferible reprimir mis deseos 

y guiarme por la razón, y en 

proteger a mi corazón. 

Tan bella estabas, tan bella 

eres, también, y  tan bella 

permanecerás, eres una

primavera más. 


Apoyaste tus dedos sobre el 

borde del antepecho, y juro

mil veces que ganas de 

tomarlos entre los míos,

entrelazarlos, y para cobijarlos

en el secreto de mis manos, no

me faltaron, sólo el coraje de al

menos intentarlo, aunque sea,

el primer paso. 


La nostalgia sigue empecinada

en hacerme brotar aquellos 

recuerdos donde algo pudo ser

o no, pues jamás lo sabré por

acallar a mi alma, por no 

actuar,  y por siempre callar.


Y recuerdo… recuerdo reírnos 

parados desde el Paraíso del 

Teatro porque yo tuve vértigo,

y me dió un ataque de pánico

que logré reprimir, aguantando

cada sensación, queriendo 

tomar tu mano, mas estuvimos 

tan cerca que pude sentir tu

aliento al respirar y la frescura

de tus cabellos que las olas

de calor que me sobrevenían 

detuvieron su curso, y disfruté

la obra, pero más que ella, la

comisura de tus labios 

ligeramente cubierta por una

sombra incierta.

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Y te eché de menos, en 

esos meses cálidos para 

mí y de frío para ti. Quería, 

paloma nacarada, que allá 

donde estabas encuentres a 

alguien que te amara, que sea

tu estrella y mar, aunque me 

doliera a mí, pues es así es 

cuando se ama. 


Un día tu silencio que te pedí

me aprehendió y supe que no

sería nada, quedándome sólo

con estos versos que quedarán

para un auto abrazo de contención. 


Ahora que te vi bailar sola,

canturreando la pieza del

salón, me gustó, y me dije:

“no te recrees historias, sólo

disfruta su arte, escribe unos

versos, que esa es tu contención”.


E igual te quería, te quiero y 

te querré, con dulzura y placer.


lunes, 31 de agosto de 2026

Una noche de invierno

 

La noche es fría, me envuelve

en su velo, y siento.  Recuerdo… 

Recuerdo sus manos de fino 

alabastro acariciando las 

teclas de un piano, su talle,

una escultura griega, como

si el mismo Fidias la hubiese

tallado. 


Su cintura me recuerda al de una 

guitarra que siempre quise sus

cuerdas amaestrar, su cabello a 

la lava de un volcán a  punto de 

erupcionar, y sus ojos… y en sus 

ojos veo su alma, y mi corazón 

al sentirla siente paz, calma.


Tuvo que llegar la noche, 

envolverme en su manto, 

que al ver el cielo estrellado 

sólo quiero sentir su piel en 

un abrazo. Y escribo, escribo 

para no verme sumiso en 

melancolía mientras echo 

de menos su perfume de 

tierra brumosa del amanecer 

en el campo. 


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Te quiero, por no decir más, 

por no hacer mi lengua temblar. 

El fuego en mí todos los días 

se repite y no quiere cesar. Me 

siento arrugado y con vergüenza 

de escribir estos versos, ¿te 

imaginas cómo temblaría o 

balbucearía de decirte frente  

a frente las palabras que desean

tu alma tocar? 


Llegaste a mi vida como el 

rocío a las rosas, como la

gota de agua que en un pétalo 

reposa. Tanta calma, paz

y música en una sola. Gracias,

gracias, y mil gracias más. 


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Frente a frente, sentados, 

veo perdida tu mirada en 

los alrededores, y yo quiero

balbucear palabras de 

afecto, de amor. Mas no 

quiero incomodar, me 

armo de valor y reprimo 

todo en mi corazón.


Te pienso tanto que las noches 

se me hacen eternas, pues 

pienso en tu blanco rostro, 

labios rojos, muslos nacarados, 

colinas de alabastro. Te quiero 

envuelta en un abrazo. 


Y dejo estos versos para colgarlos, 

para ser leídos, y para lo que más

quiero, para que sean amados.