Poesía

Poesía

lunes, 31 de agosto de 2026

Una noche de invierno

 

La noche es fría, me envuelve

en su velo, y siento.  Recuerdo… 

Recuerdo sus manos de fino 

alabastro acariciando las 

teclas de un piano, su talle,

una escultura griega, como

si el mismo Fidias la hubiese

tallado. 


Su cintura me recuerda al de una 

guitarra que siempre quise sus

cuerdas amaestrar, su cabello a 

la lava de un volcán a  punto de 

erupcionar, y sus ojos… y en sus 

ojos veo su alma, y mi corazón 

al sentirla siente paz, calma.


Tuvo que llegar la noche, 

envolverme en su manto, 

que al ver el cielo estrellado 

sólo quiero sentir su piel en 

un abrazo. Y escribo, escribo 

para no verme sumiso en 

melancolía mientras echo 

de menos su perfume de 

tierra brumosa del amanecer 

en el campo. 


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Te quiero, por no decir más, 

por no hacer mi lengua temblar. 

El fuego en mí todos los días 

se repite y no quiere cesar. Me 

siento arrugado y con vergüenza 

de escribir estos versos, ¿te 

imaginas cómo temblaría o 

balbucearía de decirte frente  

a frente las palabras que desean

tu alma tocar? 


Llegaste a mi vida como el 

rocío a las rosas, como la

gota de agua que en un pétalo 

reposa. Tanta calma, paz

y música en una sola. Gracias,

gracias, y mil gracias más. 


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Frente a frente, sentados, 

veo perdida tu mirada en 

los alrededores, y yo quiero

balbucear palabras de 

afecto, de amor. Mas no 

quiero incomodar, me 

armo de valor y reprimo 

todo en mi corazón.


Te pienso tanto que las noches 

se me hacen eternas, pues 

pienso en tu blanco rostro, 

labios rojos, muslos nacarados, 

colinas de alabastro. Te quiero 

envuelta en un abrazo. 


Y dejo estos versos para colgarlos, 

para ser leídos, y para lo que más

quiero, para que sean amados.


domingo, 23 de agosto de 2026

23 de agosto

 

Era una noche de plata y estaño,

en un recinto de corazones humildes

dos amigos a un bar a descargar su

sudor entraron. ¡Mozo! Dos cervezas,

¡Nos han pagado! Exclamaron. 


El calor canicular inclemente, saciar 

su sed buscaron, y conversar como 

hermanos. A ambos sonrisas se les

dibujaba en sus labios.


No sabían que eran horas sombrías, 

que el propietario había sido 

amenazado: no había pagado

a unos malhechores la extorsión por

tener un negocio en mano.


Noche de plata y estaño, de plomo

y cobre, de sudor rojizo translucido 

bajo el pañuelo blanco. 


No sabían los dos que llegaban 

unos motorizados cargando fuego, 

plomo, pólvora, y miseria en mano. 

No sabían  que su palpitar no sería

más.


Entraron dos desconocidos, y

a mansalva a contra todo aquel que 

estaba sus gatillos apretaron. Los dos

amigos, sus pechos, de carmesí, 

bañadosen sangre, se vieron pintados. 

Sus cuerpos, ultrajados. 


Gritos de vecinos, ladridos de perros

asustados. Los malhechores huyeron,

y dentro del bar huello huele a hierro

oxidado.

jueves, 23 de julio de 2026

Invierno humanidad

 


El frío hiela mis huesos,

camino sobre calles de 

cemento, y la tarde gris

se esfuerza en serlo aún

más. Es invierno, un manto

de normalidad.


Mas veo a las escuelas sus 

puertas abrir, y los padres 

afuera esperar a sus hijos 

salir… Los niños enfilan su 

camino a la salida, y noto 

que el brillo áureo del sol 

en el cielo no está, sino en 

los ojos que veo alumbrarse

de felicidad al tomarse niño 

y mamá o papá de la mano 

al caminar, y en mi cabeza me 

digo, ¡qué hermosa que es la 

humanidad!


Pasean a sus mascotas cuyos

ojos rebosan de bondad, fuego

en sus manos de querer trabajar,

la sed de querer el dolor de otro

aliviar, y aunque no haya luz, el

sol lo siento entre mis semejantes

al caminar.


¿Dónde encontrar refugio de esta

soledad que viene en las noches a

acechar? Escribo estos versos y

dejo la imaginación a la fantasía

entregarse con total libertad.


Ráfaga tras ráfaga de viento 

siento en mis mejillas golpear,

dejando en mis huellas mi

soledad y mi melancolía marchitar,

como dulces presagios de un

soleado horizonte que me 

esperará con brazos abiertos a

cruzar.


Mayo

 


No quiero que el tiempo avance,

te quiero inmortalizada en este

instante. Huelo a ti, y no quiero

que tu olor se desvanezca, quiero

que me queme en la piel, que se

quede conmigo, y sea así menor

la melancolía por tu pronta 

partida.


Y te pienso… y te pienso… 

¡Estoy contando los días

para reencontrarte! De 

tenerte en mis brazos, de 

beber tu perfume, de nadar

 en ti, y escucharte.


Y las manecillas del reloj no 

se detienen, el transcurso del

tiempo va. Tú partida cada vez

más cerca aumenta mi deseo de 

abrazarte aún más. Y lo hago,

se siente bien, y tu piel responde

excitándose.


Las yemas de mis dedos 

escanean tu cuerpo, mis

oídos guardan tu voz, mis

ojos te imprimen en mi 

memoria, y mis labios se

sacian con tu sudor.


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Hermosa rosarina, el tiempo

apremia, y toca partir. Sé que

nuevamente te veré, y que algún

que otro poema te escribiré, y 

frente a ti recitaré. Volveré 

a tomar tus manos con las mías,

y te saciaré de besos, saciaré

tu pecho de nogal y almendros.