Y la vida es así, suspiros y deseos
del corazón guardados en un baúl,
imperando la razón, y por más que
se piense por un amor, por más que
palpite el pecho por rodearla, prefiero enmudecer, pues el dolor de no
corresponder es aún peor.
Y la soledad me abraza en todas
mis noches, todas ellas solitarias,
y aunque tú, hermosa inspiración,
ahora que pronto no te veré más,
y que mi adiós de respeto y
profesionalidad será, ¡ay dulce
amor y deseo! Sabes… No… nunca
lo sabrás, no quiero inquietar, no
quiero molestar, ni que sepas
que me dolerá.
Y me siento como un tonto, con
la vergüenza a tope, pues hace
más de trescientos sesenta y
cinco días que no la tengo ante
el alcance presencial ni de mirada,
sino frente a una pantalla. Y ella
no sabe, ni sospecha, que mi
corazón late con perfecta cadencia
al pensarla.
Me ha dicho que en mis necesidades
debo pensar ya, ¡ay flaca bella!
Ríete, o corre ya, pues desconozco
qué sensación de tu pecho nacerá,
pues entre las mías, tú estás.
Y en mis necesidades, los versos
que siguen, el fuego que arde en
mi pecho cuando en ti pienso o
no pienso, son estos:
No, yo no quería enamorarme
de ti, y sucedió. No lo deseaba,
y nació. Cada palabra que emites
es un baño de ternura para mi
corazón. Escucharte derrumba
las murallas que he construido
para no exponerme a mis
instintos y emoción.
Veo tu rostro y deseo besarlo,
gloriosos días que al levantarme
espero la hora de dormir para
soñarlo. Aunque más glorioso,
lo sé, es poder conquistar tu
cuerpo y alma para culminar
en ti en un infinitud de tactos.
Deseo tocar tus labios, deseoso
y ardor de verlos y besarlos.
Quiero el relámpago de sentir
los míos posándose sobre los
tuyos mientras sostengo tus
manos.
Te pienso, y de mi alma nace
un murmullo que pronuncia tu
nombre, el cual no escribo, por
el infinito respeto que por ti
siento.
Flaca bella, puedo enfrentar
peligros contra mi vida, y a la
muerte no temerle, pues aprendí
a no serle cobarde, pero ante
los delirios del corazón, callo
mejor, mantener el status quo,
y de alguna forma, pienso yo,
¿acaso acallar mis más puros
anhelos no será un acto de amor?
¿Será que se apreciará que el no
incomodar a quien por el corazón
de uno palpita, si sabes de
antemano que confesar aquello
que se reprime conllevará a
rechazo, huida y dolor, por
caminos no recorridos, es
gallardía y un acto puro de amor?
Ay, mujer que recorre mis sueños
y mis letras, si por mi fuera, me
hubiese gustado nacer en tu
tiempo, y en tu tierra. Si hubiera
tenido la dicha de no habernos
conocido como tocó, a ti, a ti,
si te hubiera visto, me hubiese
armado de valor. Y a esa mariposa,
ese canino, y, a la luna creciente
que gravadas en tu nacarada piel
tienes, besaría tal cual como un
amante que hacia la guerra parte.
Aunque no estás, alumbras mi
corazón, me llenas de dulce calor.