Una hoguera crepita en
mi cabeza. Te veo y no
te veo. Fantasmagórica
la imagen que viene y va,
tal como Perséfone, quien
desciende a las sombras
al helar y trae la vida
primaveral.
Viene y va, imagen de la
hiel invernal, marcando
en tu piel tatuajes que
que envejecen de crueldad.
Imagen vaporizada de
susurros que se adornaban
entre sábanas y almohadas.
Yerro la moneda que compró
tu espalda.
Es como una serpiente que
envenena y ahoga, aprieta
y deshoja. Veneno andante,
vacía la razón, empuña su
lengua afilada de malquerencias,
de deseos y desprecios, el
velo del desconocimiento.
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Desconocer, no saber, la
incertidumbre, bruma, la
ansiedad, inseguridad.
Errante el viento que sopla del
interior, errante sus pasos
cuyas huellas marcan muerte…
Y destrucción.