Poesía

Poesía

lunes, 20 de octubre de 2025

Romance del corazón discreto



Verde mar, piel de escarcha,

qué hermosa es, ilusiona mi

alma. Mas esta se vuelve 

penumbra al aterrizar los pies

en la tierra durante cada alba.


Verdes ojos, verdemar,

claro su reflejo que quema

el no poder tocarla, ni

decir palabra alguna del

calor, brasa ardiente

en el pecho, ¡qué

remordimiento sentir

el silencio!


Se escucha el trinar de 

pajarillos en primavera

desenvolverse con calma,

y yo aquí deseando 

escuchar su voz, frente

a frente, y no ante un telón

que separa. Quiero que

nuestras voces trinen 

al son del canto de los

pajarillos, y, ¡Maldita 

fantasía! Me avergüenza,

me acalla. 


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Una luna creciente en su 

pecho le marca, una 

mariposa en su antebrazo 

quiere extender sus alas, 

y un  perro tallado a mano

en su piel de nácar quiere

lamerle la cara.


Clavar mis pupilas en las

suyas es viajar a las costas

del Pacífico cuando las

olas son mansas. Verdemar,

hermosa claridad, luminiscencia

y paz.


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La escucho hablar frente a un

telón que nos separa, la veo,

la observo, siendo un placer ver

sus manos desplazar, de un lado

a otro moverse, verlas comunicar.


Tantas palabras que quedan

almacenadas en un cofre que 

guardo muy dentro, palabras

que siento, palabras de

declaraciones que arruinarían

el momento. 


Los mejores días son frente

a frente a un telón donde

la veo, la escucho, me escucha,

y le cuento lo que siento, mas

jamás sobre ella, mi ardiente 

secreto.


Ser un problema a resolver

no es paz, ser uno más de a

quienes a ella le toca escuchar

es imposibilidad. Me entrego a

la fantasía y a los versos para

soñar.


Y la pienso, la pienso, todos

los días, y espero pacientemente

a que llegue el día en presentarme

frente a mi ordenador, el telón,

para ver la aurora boreal de sus ojos

resplandecer en el firmamento.


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Mira, compadre, dame una mano

que me ahogo por dentro, dame

una mano que no quiero caer más

lejos. Siento pesadumbre en mi pecho,

sé un hombro que me apoye, un 

abrazo de aliento.


Déjame subir las escaleras para

estar más cerca del cielo, que lo

veo verde como sus pupilas 

verdemar, y ahora que sangro, que

sea su recuerdo mi último respiro,

mi último aliento.


Tantas palabras calladas no es 

vivir, es gentileza y sacrificio a

no ser despojado de esperanza,

y la fantasía de tenerla al menos

mientras sueño.


Compadre no soy feliz, estoy 

incompleto, no llames a la

ambulancia, déjame morir lento.

La soledad  carcome mi

existencia, que me cremen que

muero. 


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La poesía, el alimento

de quienes en silencio

dejamos palpitar el 

corazón que busca ser 

amado, infinidad de besos.