Verde mar, piel de escarcha,
qué hermosa es, ilusiona mi
alma. Mas esta se vuelve
penumbra al aterrizar los pies
en la tierra durante cada alba.
Verdes ojos, verdemar,
claro su reflejo que quema
el no poder tocarla, ni
decir palabra alguna del
calor, brasa ardiente
en el pecho, ¡qué
remordimiento sentir
el silencio!
Se escucha el trinar de
pajarillos en primavera
desenvolverse con calma,
y yo aquí deseando
escuchar su voz, frente
a frente, y no ante un telón
que separa. Quiero que
nuestras voces trinen
al son del canto de los
pajarillos, y, ¡Maldita
fantasía! Me avergüenza,
me acalla.
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Una luna creciente en su
pecho le marca, una
mariposa en su antebrazo
quiere extender sus alas,
y un perro tallado a mano
en su piel de nácar quiere
lamerle la cara.
Clavar mis pupilas en las
suyas es viajar a las costas
del Pacífico cuando las
olas son mansas. Verdemar,
hermosa claridad, luminiscencia
y paz.
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La escucho hablar frente a un
telón que nos separa, la veo,
la observo, siendo un placer ver
sus manos desplazar, de un lado
a otro moverse, verlas comunicar.
Tantas palabras que quedan
almacenadas en un cofre que
guardo muy dentro, palabras
que siento, palabras de
declaraciones que arruinarían
el momento.
Los mejores días son frente
a frente a un telón donde
la veo, la escucho, me escucha,
y le cuento lo que siento, mas
jamás sobre ella, mi ardiente
secreto.
Ser un problema a resolver
no es paz, ser uno más de a
quienes a ella le toca escuchar
es imposibilidad. Me entrego a
la fantasía y a los versos para
soñar.
Y la pienso, la pienso, todos
los días, y espero pacientemente
a que llegue el día en presentarme
frente a mi ordenador, el telón,
para ver la aurora boreal de sus ojos
resplandecer en el firmamento.
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Mira, compadre, dame una mano
que me ahogo por dentro, dame
una mano que no quiero caer más
lejos. Siento pesadumbre en mi pecho,
sé un hombro que me apoye, un
abrazo de aliento.
Déjame subir las escaleras para
estar más cerca del cielo, que lo
veo verde como sus pupilas
verdemar, y ahora que sangro, que
sea su recuerdo mi último respiro,
mi último aliento.
Tantas palabras calladas no es
vivir, es gentileza y sacrificio a
no ser despojado de esperanza,
y la fantasía de tenerla al menos
mientras sueño.
Compadre no soy feliz, estoy
incompleto, no llames a la
ambulancia, déjame morir lento.
La soledad carcome mi
existencia, que me cremen que
muero.
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La poesía, el alimento
de quienes en silencio
dejamos palpitar el
corazón que busca ser
amado, infinidad de besos.
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