Poesía

Poesía

domingo, 19 de abril de 2026

Flaca

 


Y la vida es así, suspiros y deseos

 del corazón guardados en un baúl, 

imperando la razón, y por más que 

se piense por un amor, por más que 

palpite el pecho por rodearla, prefiero enmudecer, pues el dolor de no 

corresponder es aún peor.


Y la soledad me abraza en todas 

mis noches, todas ellas solitarias, 

y aunque tú, hermosa inspiración, 

ahora que pronto no te veré más, 

y que mi adiós de respeto y 

profesionalidad será, ¡ay dulce 

amor y deseo! Sabes… No… nunca 

lo sabrás, no quiero inquietar, no 

quiero molestar, ni que sepas 

que me dolerá.


Y me siento como un tonto, con 

la vergüenza a tope, pues hace 

más de trescientos sesenta y 

cinco días que no la tengo ante 

el alcance  presencial ni de mirada, 

sino frente a una pantalla.  Y ella 

no sabe, ni sospecha, que mi 

corazón late con perfecta cadencia 

al pensarla. 


Me ha dicho que en mis necesidades 

debo pensar ya, ¡ay flaca bella! 

Ríete, o corre ya, pues desconozco 

qué sensación de tu pecho nacerá, 

pues entre las mías, tú estás.


Y en mis necesidades, los versos 

que siguen, el fuego que arde en 

mi pecho cuando en ti pienso o 

no pienso, son estos:


No, yo no quería enamorarme 

de ti, y sucedió. No lo deseaba,

y nació. Cada palabra que emites

es un baño de ternura para mi 

corazón. Escucharte derrumba

las murallas que he construido 

para no exponerme a mis 

instintos y emoción.


Veo tu rostro y deseo besarlo, 

gloriosos días que al levantarme 

espero la hora de dormir para 

soñarlo. Aunque más glorioso, 

lo sé, es poder conquistar tu 

cuerpo y alma para culminar 

en ti en un infinitud de tactos.


Deseo tocar tus labios, deseoso 

y ardor  de verlos y besarlos. 

Quiero el relámpago de sentir 

los míos posándose sobre los 

tuyos mientras sostengo tus 

manos.


Te pienso, y de mi alma nace

un murmullo que pronuncia tu

nombre, el cual no escribo, por

el infinito respeto que por ti 

siento.


Flaca bella, puedo enfrentar 

peligros contra mi vida, y a la 

muerte no temerle, pues aprendí 

a no serle cobarde, pero ante 

los delirios del corazón, callo 

mejor, mantener el status quo, 

y de alguna forma, pienso yo, 

¿acaso acallar mis más puros 

anhelos no será un acto de amor? 

¿Será que se apreciará que el no 

incomodar a quien por el corazón 

de uno palpita, si sabes de 

antemano que confesar aquello 

que se reprime conllevará a 

rechazo, huida y dolor, por 

caminos no recorridos, es 

gallardía y un acto puro de amor? 


Ay, mujer que recorre mis sueños 

y mis letras, si por mi fuera, me 

hubiese gustado nacer en tu 

tiempo, y en tu tierra. Si hubiera 

tenido la dicha de no habernos 

conocido como tocó, a ti, a ti, 

si te hubiera visto, me hubiese 

armado de valor. Y a esa mariposa, 

ese canino, y, a la luna creciente 

que gravadas en tu nacarada piel 

tienes, besaría tal cual como un 

amante que hacia la guerra parte.


Aunque no estás, alumbras mi 

corazón, me llenas de dulce calor.