Te veo hoy frente a frente de muy lejos,
y a su vez, te escucho tan cerca, pues
las pantallas unen de cierta manera,
perdiendo un saludo que involucre el
tacto, viéndome ceñido a tu inexistente
deseo de tenerme próximo, de tenerme
cerca.
Hay un sinnúmero de palabras que
quisiera expresar, mas no puedo
por el sepulcral respeto que por ti
venero, reprimiendo mis deseos
expresivos, sintiendo cómo en mí
arden flechas que Cupido, sin
reciprocidad, se equivoca, y
sin piedad, me ha llenado de ellas.
Y así son mis días, elevada la
presión que mi corazón por ti
ruega, deseos reprimidos,
palabras no sueltas. Y sonrío,
sonrío mucho, pues es mi vida,
la acepto, y me rindo ante ella.
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El claro cielo de verde tus ojos
lisonjea, sonrisa apacible que
tu rostro aún más hermosea.
nacarada flor plácida del
frescor de la primavera, haces
que discurra fuego en mis venas.
Morfeo no vacila conmigo, pues
mis ojos mantiene alertas, y éstos
desean ese día semanal donde
podrán complacerse de ver tanta
belleza, aún si el sueño martilla
mi cabeza.
Sofisticada damisela, quisiera una
ofrenda otorgar en palabras, el
fervor apaciguado de vergüenza,
inquieta mi voz de emoción, de
anhelo, y algo más, Minerva.
Guiños he dejado en el camino,
urdí hilos que asoman y son
estelas sembradas en una raída
vertiente encaminada, hermosa y
astral reina, a tal vez, y tal vez, a
revelar un cofre que mantengo
apegado a lo que quise decir, ser.
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