Poesía

Poesía

lunes, 5 de enero de 2026

Elle, qui ne le saura jamais


Abre el telón y el espectáculo 

empieza: dos gotas de sudor

caen de su cabellera rizada 

acastañada, y se ajusta en un

nudo sus cabellos hacia atrás,

y no cesa, y va moviéndose 

radiante de energía, mientras

me habla, y de alguna forma,

aconseja con una miríada 

de palabras.


Continúa el espectáculo que

mis ojos aprovechan, y mis

oídos, su voz, dulce manjar

que transmite, que me llega.


Y recuerdo cuando la veía

con sus labios y uñas de 

carmín, y la comisura de 

sus labios sonreír, risueña

porque era de noche, y

de seguro iba con sus 

amigos a salir.  Y pensaba

en cómo quería mis labios

mojarlos con los suyos,

en una infinidad de besos,

labio contra labio, 

yo humedecido en ella, 

empapado en su cuenco,

la respiración que se acorta

de sur a norte, sus ojos mi 

cielo.


Y por esos ojos verdes claros

yo naufrago, y no digo nada,

porque mi silencio, por 

respeto, es sagrado. 


Y he hecho por ella una

luz inextinguible en mi

corazón, fleur douceur,

flamme de vie, elle, qui

ne le saura jamais.

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