Bienaventurados mis ojos
que te aprecian con respeto
y benevolencia, te veo y una
miríada de estrellas se alinean
en el firmamento, rielando sobre
tus verdes pupilas, la cámara
acierta.
Fijo mis pupilas en las tuyas,
que son verdes como las de
Minerva, y dulces escalofríos
recorren sobre mí sin tu
voluntad, sin que lo sepas.
La tensión crece en mí, siento
que el palpitar de mi corazón,
de alguna forma va en armonía
con el tuyo, o así yo lo imagino,
para no enloquecer de dolor y
rechazo, ¡Te pienso tanto!
Un éxtasis tan radiante se
apodera sobre mí al verte,
y guardo la imagen de tu
rostro en mi memoria para
verte entre las sombras
que ella evoca.
Tu voz es dulce melodía,
y tu sonrisa más hermosa
que cualquier poesía. Me
desarmas, sin que lo sepas,
sin tu voluntad, es algo que
en mí naturalmente se da.
Irradias vibraciones de
dulzura y paz, y tus ojos
reflejan un jardín primaveral.
Es un placer verte, es un
placer saber que en este
mundo estás.
Y no, no sabrás mis palabras,
ni te imaginarás, si algún día
las lees, que por ti están, mi
musa, mi paz.
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