Poesía

Poesía

miércoles, 13 de agosto de 2025

Sueño


Anhelo no caminar solo, de tener una

compañera de vida, de formar una

familia. Y es de noche, la oscuridad 

dormita, y me entrego a la fantasía,

pues, ¿qué más quiero que vivirlo

en sueños sin que medie la 

melancolía?


La soledad es el silencio que muerde,

tiniebla persistente alojada en mi 

pecho cuando aquella aqueja. Parto

a dormir, y quiero que el sueño sea

eterno, porque al levantar… vuelve

la realidad.


Hermoso y anhelado sueño donde

se difunden mis más profundos 

deseos, algarabía temporal, un 

gusto pleno. Quiero que se 

transmuta en realidad esa otra

vida, esa que sueño. 


Y si me preguntan qué quiero:

A esa fémina que pienso, que

camina a mi lado y me da la 

mano en sueños. La luz está

apagada, no entra ni un ápice

de destello. En mi oscuridad me

entierro anhelando soñarla, 

de darle un beso, y que continúe

ad Infinitum el susurro de la 

noche, susurro que apacigua 

mi alma, susurro que calma.


Mis párpados caen bajo el

letargo del cansancio, y una

sonrisa se dibuja en mis labios:

tal vez hoy sí soñaré, tal vez hoy

sentiré plenitud, aunque sea un

corto momento.


El sueño, el paraíso de quienes

caminan solos, de quienes la

soledad abraza bajo un manto 

de fuego.

martes, 12 de agosto de 2025

Puente de nieve

Quiero que mis poemas sean un canto de amor y no 
a la soledad. Quiero que mis versos sean hermosos
como sus manos translúcidas lo son cuando alguna
vez tomó la mía para una formalidad y nada más.

Quiero escuchar su voz, y no separado bajo un telón,
quiero escucharla decir buenas noches y buenos días,
mas no puedo, e imaginarlo lastima mientras escucho
Nuvole Bianche de Einaudi: sus partituras, toman vida
en un parlante no lejano, que suaviza el alma como el 
vino al cuerpo, y me hace entregarme a la fantasía.

Suena I Giorni del mismo autor, el piano una flor
para quien es una tumba en demostrar calor, calor
que aspira tenerlo, de decirle basta, no puedo 
verte más, me revienta el pecho de palabras que
quieren estallar como lo hace un volcán. 

Callar y callar, la vergüenza, amargo dilema,
querer y no poder, lo que los tímidos 
aguardamos para no ser rechazados. 

Soy un puente frío de invierno cubierto de 
nieve que se revela suavemente con pasos 
que van dejando huellas en la escarcha
durante la madrugada, cuando no camina 
nadie, pues es ahí cuando es posible revelar
al viento, cantándole un poema ciego, que
merezco amor, amar y ser amado. Revelar
sin revelarle nada, manteniendo el secreto,
e imaginando... imaginando... ser alguna vez
amado.



 

lunes, 2 de junio de 2025

Tinta y fuego





Previo a dormir te escribo estos

versos que merecen ser plasmados

con tinta y fuego:


Escucho una pieza que me

recuerda a  ti. Es una pieza

dulce, similar al sentimiento 

de paz y deseo que se me 

acumula en mi pecho. Paz

y deseo al verte, como si

de un violín eufórico se tratara.


Escucho la pieza y tus manos

se escurren sobre mi piel en mi

imaginación, pues esos dedos

parecieran creados por los

mismos Dioses del Olimpo, 

formando una mano de nácar,

y me gusta cómo la sostienes

contra tu cara cuando me miras

fijamente frente a un telón que

nos separa. Tú escuchas, y yo

fijo mi mirada en tus ojos: un

vado de agua esmeralda que

me calientan como una taza

de chocolatada. 


Tus ojos me calientan el alma,

al verlos siento cómo el mundo

se aquieta, y dulcemente, en

crescendo, asciende mi deseo

de comerte esos sutiles labios

que tienes, de sentir las brasas

de un beso, de pensarlo, de querer

palparlo. 


Me aflige por dentro el no poder

decir las palabras que callo por

solemnidad y respeto que ante ti

siento, y pienso… cómo me hubiese

encantado haber encontrado tu

rostro y el rizo de tus cabellos primero. 


Yo escribo estos versos, te pienso,

y es en la noche cuando más lo 

pienso, una primavera eterna, las

jacarandas florecientes adornando

tu pelo. Pensarte me acalora el 

cuerpo, se siente bien, lo deseo. 


Pinceladas de rayos de sol en tu

castaño pelo, un telón de fondo

que nos separa de vernos, frente 

a frente, lo anhelo. Amo escribir 

estas palabras, amo lo que hago, 

amo entregar al mundo lo que por 

ti pienso y siento. 


Y quiero decirle al viento para que

en una tormenta su silbido en tu 

ventana te susurre que me has 

hecho ver el mundo de colores 

distintos, que el gris puede ser 

verde grisáceo, sereno, paz, al 

mezclarse con el destello de 

tus ojos en una noche de 

invierno. Y que en un beso

tuyo el gris ser pardo rojizo. 

lunes, 19 de mayo de 2025

Imagino

 



Eres poesía para mis ojos, se complacen de verte, rostro hermoso de esmeralda y nácar. Espuma de Venus, prolijo rostro hija de Urano, eres primavera en invierno y el sol en mis veranos. 


Ay, te pienso ahora más que nunca, y te escribo estos versos que jamás leerás porque soy el mejor para callar, plasmando en papel palabras para de pecho no enfermar. 


Ferviente deseo de confesar, de bordar mis palabras de dulzura para que, al rozar tu oreja, dejarlas en tu oído en un soplo entrar. Dejo la imaginación volar.


Me puedo quedar un día entero escribiendo los versos más bellos con tan solo contemplar una imagen donde tus ojos verdemar pueda apreciar, tanta paz ellos me dan, pero enamoran además, volátil imaginación que quieto no me permite estar.


Ese ferviente deseo de no ser una hoja poco prolija que va cayendo marchita, de querer ser deseado y amado, que me permita imaginar cuerdamente momentos deseados.


Te inmortalizo con mis versos imaginándonos a los dos montando a Pegaso en los cielos, para ser rayos y truenos. E imagino…


Imagino tenue luz de luna, silencio y penumbra, eres mi devoción al tacto que no alcanzo sentir por silencio guardar para seguir viéndote y no ahuyentar; las yemas de mis dedos sobre tu manto de nácar quieren estar, deslizándose,  poniéndote la piel de gallina, y, ¿ves? Dejo la imaginación volar.


Imagino tu rostro volverse rojo si algún día mis versos llegaras a encontrar, las palmas de tus manos agarrar. Quiero gritarlo al silencio, como si de un volcán fuese mi pecho a punto de estallar.

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Amo mis letras, letras que no son mías, pues si ella no existiera no estuvieran mojadas en tinta. Fleur de vie, fleur du bonheur, mes paroles sont à toi, je te pense sans que tu le saches, tout le temps, surtout quand je suis seul, laisse-moi te voir.

domingo, 4 de mayo de 2025

Poema nocturno

 


Bebo mirando fijamente tus ojos

hasta embriagarme de ti, y

me pierdo desenfrenadamente en

tu sabor, en tu piel, en tus manos

que aprieto contra las mías y tu

corazón que fuerte palpita.


He dejado mis labios moldeados

en tu cavidad sureña, un suspiro

carmesí donde beber yo el néctar:

desenfrena en ti suspiros profundos

do tu espalda arquea.


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Es de noche y no estás. La luz

tenue me hace sentir más la falta,

la mucha falta que haces, que

solo aspiro dormitar. 


Es como ser un  lobo en celo 

abandonado y solo en un 

desierto.


Y al dormitar, yo deseo, y deseo…


Deseo como buen caballero 

llevarte hacia mi hogar como

mujer mía, y yo tuyo, tuyo 

hasta el último hálito de 

aliento. 


Deseo que llegue invierno, que

el frío haga que eches de menos

el calor de nuestros cuerpos, el 

deseo de piel, y de los vidrios

cubiertos de sombras y nuestros

reflejos.

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La melodiosa voz con tu acento 

marcado de norte es un verso 

entonado al cielo. Esa boca 

con sabor a frutilla a la crema,

do florece tu origen con cada

sonido que emite, la quiero

comer hasta hacerte temblar

de placer y algo más, pues

también es deseo.


Escucharte es música, mirarte,

mirarte… mirarte es ver arte. 

Y, ¿amarte? También, un arte.


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¡Ay! Me recuerdas, en parte, al

dulce sonido de violines, y en 

parte, al vaho que deja el aliento.


Te echo de menos, flor carmesí,

tu fragancia quedó en mi piel, 

llevándote a donde sea que vaya,

adentro.


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Vuelve la noche, otro día más de 

solo textos, un par de horas que

nos aleja el viento. Y pienso en lo

bien que nos amemos.


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Llegó el alba, “¡despiértate!” 

escucho que me susurran al 

oído, y hay un vacío: si tan solo

pudiera seguir durmiendo, 

soñando, mi silencio.

  

jueves, 10 de abril de 2025

Constelaciones

Se encendieron las estrellas, y

te imagino a ti a mi lado, mientras

duermo boca arriba encima del

pasto. Te dibujo en mi imaginación,

tú, una constelación, brillas con

Pegaso. Tú, una fémina formando 

una armonía entre los astros.


He caminado por este mundo,

y no me arrepiento de lágrimas

de dicha o tristeza, pues he

amado y me han amado, he visto

amaneceres y crepúsculos, noches

estrelladas, a mi familia y a ti en 

esta tierra.


Quiero que te quedes conmigo,

que veamos atardeceres juntos,

que camines conmigo en el campo,

que me abraces y no me deseches

de tu lado. 


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Lejos, lejos, y me recordarás

al ver el cielo al resplandecer 

cada mañana, pues ya no soy 

de aquí, y del alto cielo algún

rayo solar seré, y trataré de 

llegar a tu piel, y besarla con

cada átomo de energía que

llegue a ser.


Extrañaré en la noche las 

mañanas, y al amanecer

te trataré de alcanzar, de

llegar hacia tu piel, de darte

mi parte de sol, pues ya no

soy de aquí, y te quiero dar

lo mejor de mí. 


jueves, 27 de marzo de 2025

Cabello largo y lacio de negro azabache

Para ti, mujer con pupilas

acastañadas que se

vuelven verdemar con

la luz solar.


Ven mujer de cabello 

lacio y liso, una cascada 

de tinta negra azabache 

que llega casi al fin de tu 

espalda, abrazando con 

ternura tu cintura. Ven

conmigo que quiero

perderme entre el bosque 

de sus hebras, y ahogarme 

con el perfume que

naturalmente emana.


Te invito a danzar conmigo

bajo la penumbra, que el 

lecho nos aguardará con

sus sábanas, donde

desprenderemos piel

contra piel el calor de

nuestras entrañas.

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Llega la noche, esperada 

noche, estrellada, y aceptas

mi invitación de bailar. Reímos,

sonreímos, y palabras de amor

que modulamos con nuestros

labios al oído se pueden 

escuchar: un te amo, un para

siempre, un te deseo y la sed

que nos tenemos.


Mis manos navegan por toda

tu piel, acariciándola con

ardiente anhelo. Congelemos

el tiempo, que perdure este 

momento.


Y te digo al oído dos 

palabras, pues eres

un para siempre y no

para un rato, y 

respondes que tú 

también, y ahí al cielo

llegué.


Me llevas al cielo con tu

mirar, tú, mujer cubierta

con piel de seda, y blanca

como el nácar, te quiero

para siempre, y amaré

esta noche como el 

inicio de muchas más.