El frío hiela mis huesos,
camino sobre calles de
cemento, y la tarde gris
se esfuerza en serlo aún
más. Es invierno, un manto
de normalidad.
Mas veo a las escuelas sus
puertas abrir, y los padres
afuera esperar a sus hijos
salir… Los niños enfilan su
camino a la salida, y noto
que el brillo áureo del sol
en el cielo no está, sino en
los ojos que veo alumbrarse
de felicidad al tomarse niño
y mamá o papá de la mano
al caminar, y en mi cabeza me
digo, ¡qué hermosa que es la
humanidad!
Pasean a sus mascotas cuyos
ojos rebosan de bondad, fuego
en sus manos de querer trabajar,
la sed de querer el dolor de otro
aliviar, y aunque no haya luz, el
sol lo siento entre mis semejantes
al caminar.
¿Dónde encontrar refugio de esta
soledad que viene en las noches a
acechar? Escribo estos versos y
dejo la imaginación a la fantasía
entregarse con total libertad.
Ráfaga tras ráfaga de viento
siento en mis mejillas golpear,
dejando en mis huellas mi
soledad y mi melancolía marchitar,
como dulces presagios de un
soleado horizonte que me
esperará con brazos abiertos a
cruzar.