Bosque de encanto primaveral
¡Mirad a los pajarillos gorjear
en su volar! El follaje aguamarina
que porta ondea ante sus pies al
caminar.
Tanta belleza en una imagen
en silencio no puede quedar.
Tanto por decir que el pecho
siente estallar. Las palabras
quedarán cortas, eso lo sé ya.
Mas es necesario escribirlo
en mi recuerdo una vez más.
Resuenan violines en mi cabeza,
es la primavera de Vivaldi que no
deja en mi cabeza de sonar, como
si de un destello de luz, una
partitura de una constelación
celestial se tratara, como si el
mismo cielo se abalanzara por
verla, y el viento en un abrazo
envolverla.
Ella, una musa vernal, de follaje
olivino su cuerpo cubierto al
andar, tengo la dicha de poder
apreciar. Una flor convertida
en mujer en este bosque
encantado vengo a contemplar,
su imagen ante mí desvela
sublimidad.
Enmarco en mi memoria su
imagen, je la trace en creux
dans mon cœur pour qu’elle
y reste à jamais, sans l’oublier.
Y escribo, nacen los versos,
riego tinta sobre el papel, y
pienso que tal vez el viento
le susurrará estas letras
en su lecho.